Hace más de 3.500 millones de años que la Tierra es el planeta de las bacterias.

Están por todas partes. Desde flotando en las capas altas de la atmósfera hasta enterradas varios kilómetros en el interior de la corteza terrestre, pasando por las fosas oceánicas más profundas.

Pero sabemos muy poco de ellas. De sus peligros, de dónde viven y crecen, de su cantidad, de sus especies…

Y después de todo lo que aprendimos de virus a raíz del SARS-CoV-2, bueno es que hagamos un repaso al mundo de las bacterias, para conocer a quienes realmente son las “reinas” del planeta, al menos por número y en antigüedad

Se estima que al menos hay trescientos mil cuatrillones de ellas en la Tierra (300.000.000.000.000.000.000.000.000.000) pertenecientes a más de mil millones de especies diferentes.

  • Solo en un gramo de suelo hay unos 40 millones de bacterias
  • En un litro de agua limpia de un río o un lago hay unos mil millones de ellas.
  • También hay 100 millones de veces más bacterias en los océanos que estrellas en todo el universo conocido.

Científico trabajando en el laboratorio Foto: Yakuzakorat


Las bacterias resisten en cualquier ambiente conocido. Tienen una capacidad de adaptación extraordinaria que las hace ser capaces de colonizar incluso los ambientes más extremos, como:

  • Fuentes termales
  • Lagunas extremadamente ácidas
  • Vertidos de petróleo
  • Desiertos
  • Hielos polares, etc.

También proliferan sin problemas las zonas más contaminadas por la actividad industrial de los seres humanos. Incluso en lugares tan inhóspitos como

  • Las piscinas de lixiviados de las minas de uranio
  • Las zonas devastadas por los ensayos de bombas termonucleares que se produjeron durante la guerra fría.

Cuando vienen malos tiempos algunas bacterias adoptan formas de resistencia que pueden durar mucho tiempo. Tanto que, por ejemplo, se estima que algunas bacterias viables extraídas del ámbar tenían alrededor de 170.000 años.

Lógicamente nosotros somos un ambiente muy atractivo para las bacterias pues estamos llenos de nutrientes y a buena temperatura.

De hecho nos colonizaron totalmente.

  • En cada uno de nosotros viven del orden de 39 billones de bacterias.
  • Incluso abundan en la leche materna que tomamos de bebés.
  • Por más que nos cepillemos escrupulosamente los dientes, en nuestra boca hay más bacterias que la suma de todos los seres humanos que han existido a lo largo de la historia.
  • También tenemos ingentes cantidades sobre nuestra piel, en nuestra ropa, en nuestras casas, etc.
  • En nuestros intestinos hay tantas que a lo largo de nuestra vida excretamos más de cinco toneladas y media de bacterias.

bacteria Pseudomonas aeruginosa Foto: HansN.


Ante estas cifras sorprende que la gran mayoría de las bacterias no nos hagan daño alguno.

  • De hecho hay menos de 1.000 especies bacterianas capaces de causarnos daño.
  • Aproximadamente solo una especie bacteriana de cada millón de especies existentes es capaz de generar daño a los seres humanos.
  • Y de todas ellas, las verdaderamente peligrosas son solo unas 30 especies.

Sin embargo las bacterias pueden ser un enemigo formidable.

Por ejemplo la bacteria Clostridium botulinum produce una toxina tan potente que solo dos gramos y medio serían suficientes para matar a toda la población de España.

Las 30 especies de bacterias más peligrosas matan cada año a unos 10 millones de personas.

Tras las enfermedades cardiovasculares, las infecciones por bacterias comunes son la segunda causa de muerte en el mundo.

También son una de las principales causas de que perdamos la salud.

Más de la mitad de las muertes por bacterias que se producen en el mundo se deben solamente a 6 especies:

  1. Streptococcus pneumoniae
  2. Staphylococcus aureus
  3. Escherichia coli
  4. Klebsiella pneumoniae
  5. Pseudomonas aeruginosa
  6. Campylobacter  

Estas bacterias están por todas partes y no podemos evitarlas.


micrografía electrónica de barrido (SEM) de varias bacterias Pseudomonas aeruginosa Foto: CDC/ Janice Haney Carr


Para hacernos una idea de su abundancia Pseudomonas aeruginosa puede servirnos de ejemplo.

Se trata de una bacteria ubicua que habita en suelos, en aguas dulces y en el mar.

Pero también crecen en forma de biofilms sobre muchas infraestructuras estando implicada en procesos de corrosión.

Son capaces de vivir en zonas muy contaminadas, y pueden degradar petróleo, queroseno, gasoil y la gran mayoría de los hidrocarburos.

Incluso se han patentado varias cepas de Pseudomonas por su eficacia en procesos de biorremediación para descontaminar vertidos de contaminantes industriales.

Pseudomonas aeruginosa crece también en las raíces, las hojas y los frutos de las plantas.

Está claro que no podemos evitar exponernos a bacterias tan ubicuas como las Pseudomonas. Están por todas partes y de hecho entramos en contacto con ellas a todas horas, todos los días.

El problema es que cuando puede, Pseudomonas aeruginosa se comporta como un patógeno oportunista en los seres humanos

Infectando:

  • Las vías respiratorias
  • Las vías urinarias
  • Las heridas

Produciendo:

  • Dermatitis

Causando:

  • Infecciones generalizadas que terminan en la muerte.

Muchas de las veces que hemos tenido fiebre ha sido como consecuencia de una infección oportunista de Pseudomonas aeruginosa.

Además Pseudomonas aeruginosa infecta a animales domésticos y salvajes, y causa graves daños en plantas agrícolas arruinado cosechas y dañando severamente a mucha de la flora silvestre.


Cepa de la bacteria Staphylococcus aureus extraída de un cultivo Foto: Janice Haney Carr


Otro ejemplo de la amenaza a la que nos enfrentamos con las bacterias más abundantes lo tenemos también con Staphylococcus aureus.

Está tan ampliamente distribuida en los seres humanos que en estos momentos la mitad de las personas en el mundo tienen algún grado de colonización por Staphylococcus aureus, lo que produce una gran variedad de enfermedades:

  • Desde sepsis, meningitis, neumonías o endocarditis, hasta diarreas, forunculosis, abscesos o conjuntivitis.

También es responsable de gran parte de las infecciones hospitalarias y produce intoxicaciones alimentarias resistiendo incluso el cocinado de los alimentos.

Los seres humanos diseminamos los Staphylococcus aureus sin darnos cuenta, a menudo mediante actividades tan comunes como intercambiar ropa.

También los manipuladores de alimentos en bares y restaurantes están entre los principales responsables de dispersar Staphylococcus.

Pero deberíamos tener más cuidado ya que Staphylococcus aureus mata a más de 1 millón de personas cada año en el mundo.

Que las enfermedades producidas por solo 30 especies de bacterias sean la segunda causa de muerte en el mundo puede parecer una mala noticia. Pero la realidad es muy distinta.

En cuanto a enfermedades producidas por bacterias estamos atravesando, con mucho, el mejor momento de nuestra historia.


Yersinia pestis, la bacteria que mató a 2 de cada 3 habitantes Foto: unsplash.com


Un buen ejemplo del daño que ha hecho y puede hacer una bacteria lo tenemos en Yersinia pestis, la bacteria que produce la peste.

  • En el año 430 antes de Cristo, la Atenas de Pericles era probablemente el lugar más avanzado del mundo. Pero se desató una epidemia de peste que mató a decenas de miles de personas.

Se cebó entre los soldados y los marinos imprescindibles para la supervivencia de la ciudad estado. El propio Pericles murió contagiado de peste.

  • Algo parecido pasó con el Imperio Romano de Oriente devastado por la Yersinia pestis durante la Peste de Justiniano.
  • Yersinia también desató el terror de los europeos durante la Baja Edad Media, atacando en oleadas sucesivas que al final mataron a 2 de cada 3 habitantes de Europa.
  • Mucho más cercana en el tiempo fue la peste que devastó China y la India durante el siglo XIX matando a muchos millones de personas.

Afortunadamente durante los últimos 100 años no ha sido así.

Las bacterias nos dieron un respiro que nos permitió cuadruplicar nuestra población y aumentar en cerca de 40 años más nuestra esperanza de vida.

Yersinia pestis sigue siendo un buen ejemplo de esta buena situación actual con respecto a las bacterias.

En la actualidad Yersinia infecta a cerca de 3.000 personas en todo el mundo (sobre todo en Estados Unidos, China, India, América del Sur y Madagascar). Comparado a lo que fue la peste hasta el siglo XX puede considerarse una situación excepcionalmente buena.

El respiro que nos han dado las enfermedades bacterianas durante los últimos 100 años se debe a que una serie de descubrimientos efectuados durante el siglo XX consiguieron que las enfermedades bacterianas cayesen en picado.


Louis Pasteur, uno de los hombres que más vidas ha salvado Foto: Sanjai B R 1840722


El más célebre de todos fue el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1928.

Aunque se pone como ejemplo de serendipia -un descubrimiento afortunado hecho por casualidad-, la realidad es más complicada.

De hecho Ernest Duchesne -un médico Francés- ya había descubierto la penicilina en 1897, aunque nadie le hizo caso.

La penicilina salvó millones de vidas inaugurando la época de los antibióticos en la que conseguimos doblegar el azote de las bacterias.

Las vacunas constituyen otra extraordinaria defensa contra las enfermedades bacterianas.

Muchas de las vacunas que nos ponen de niños -por ejemplo la vacuna contra la difteria, el tétanos, la tosferina, el neumococo, la Haemophilus influenciae o los meningococos A, B,C,W-135, Y- son vacunas contra bacterias.

 Si a esto le unimos progresos tan esenciales como la cloración del agua potable desarrollada por John Leal en 1919 y que salvó decenas de millones de vidas, así como los avances en sanidad animal y la inspección de alimentos, bares y restaurantes (recordemos el lema latino de la profesión veterinaria Higia pecoris, salus populi -la higiene de los animales es la salud del pueblo-), se puede entender como por primera vez en los más de 250.000 años de historia de nuestra especie, hemos conseguido tan excelentes resultados.

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Por suerte los tiempos donde bacterias como Yersinia diezmaban a la humanidad ya están olvidados.

Pero… ¿podrían volver?