Este 31 de octubre, en las ciudades de todo el mundo se celebra el All’ Hallow’s Eve, la Víspera de Todos los Santos. La noche de los sustos. los miedos y el “truco o trato”

Es una fiesta importada desde Estados Unidos gracias al cine (aunque su origen no esté allí) que todos conocemos como Halloween, en la que se celebra el miedo y el terror, y se busca dar sustos ya sea a través de disfraces, películas o series.

Una de las costumbres más extendidas durante la noche de Halloween es salir disfrazado y llamar a la puerta de los vecinos del barrio para pedir golosinas y dulces. Lo que puede provocar que más de alguno se lleve un susto ¿de muerte?

Desde la Fundación del Corazón explican que, aunque es poco frecuente, sí es posible morir como consecuencia de un susto. Debido a la excitación extrema, o por un enorme disgusto, se produce la liberación de sustancias de estrés a la sangre que puede desencadenar en una “miocardiopatía de estrés”.

Generalmente, es reversible, pero se ha visto casos “excepcionales” en los que se ha asociado con el fallecimiento del paciente.


Las mujeres tienen más probabilidad de morir a causa de un infarto que los hombres. Freepik


Esta patología, que también se le conoce por otros nombres como “síndrome del corazón roto” o “abombamiento apical” fue descrito por primera vez en la década de los 90 en Japón.

Se le llama síndrome de Tako-Tsubo por la vasija (abombada y de cuello estrecho) que se usa tradicionalmente entre los pescadores japoneses para capturar pulpos.

Sin embargo, como explica el doctor Alfonso Valle Muñoz, cardiólogo en el Hospital Marina Salud de Denia, y miembro de la Fundación Española del Corazón, la mayoría de los casos diagnosticados son mujeres postmenopáusicas con estrés emocional o físico muy repentino, lo que causa la liberación “excesiva de adrenalina”.

Esta situación emocional (como un gran susto, la pérdida de un ser querido o una noticia inesperada) puede tener consecuencias en nuestro corazón, con síntomas que se podrían incluso confundir con un infarto de miocardio.

  • Dolor intenso en el pecho
  • Sensación de malestar general
  • Mareo
  • Náuseas
  • Sudoración

Este dolor puede extenderse al brazo izquierdo, a la mandíbula, al hombro, a la espalda o al cuello. Pero, hay una gran diferencia. En el caso del infarto de miocardio, esta sintomatología responde al “bloqueo total o casi total” de una arteria coronaria, anomalía que, no obstante, no sucede en el síndrome de Tako-Tsubo.


La intervención de un infarto no puede pasar de 90 minutos para asegurar que el paciente salga con vida. Freepik


El diagnóstico pasa por realizar un electrocardiograma, analítica con enzimas cardíacas y ecocardiografía. Principalmente, para descartar que nos encontremos ante un infarto de miocardio. 

Si se ha producido un “antecedente de un fuerte y repentino evento estresante” y no hay factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, es casi seguro que se trata del síndrome de Tako-Tsubo.

Se trata de una dolencia benigna, que tiene una mortalidad hospitalaria inferior al 5%. No obstante, no hay un tratamiento específico. El tratamiento es similar a la atención médica para un ataque cardíaco. Hasta la total recuperación del paciente, se recibe medicación para evitar un nuevo episodio:

  • Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina.
  • Antagonistas de receptores de la angiotensina II (ARA-II).
  • Betabloqueadores.
  • Diuréticos.
  • Anticoagulantes, si hay un coágulo sanguíneo.

Es otra de las cuestiones que también han abordado los científicos. En esta investigación del doctor Mark Gillinov, de la Clínica Cleveland de Estados Unidos, se han examinado cómo afecta a la salud de las personas enfrentarse a situaciones estresantes. 


Ictus e infartos son dos de las consecuencias directas de la hipertención Unsplash


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Cuando se produce un estímulo amenazante, que es la sensación que todos tenemos ante el miedo, el cuerpo genera un estrés físico que se traduce en la misma condición médica que cuando tenemos un susto: miocardiopatía por estrés. 

El corazón no puede bombear la sangre de una manera eficiente al resto del cuerpo y la persona experimenta síntomas como palpitaciones, fatiga o dificultad para respirar. Aunque no es algo habitual, esto puede llevar al fallecimiento.