La disfagia es un trastorno de la deglución, el mecanismo por el cual el ser humano hace pasar el alimento, la saliva y los líquidos desde la boca hacia el estómago de una forma eficiente y segura.

En otras palabras, es la dificultad para tragar. 

Este trastorno puede ser de dos tipos según sea su causa: 

  • La disfagia neurológica, en la que se produce una alteración de los músculos implicados en la deglución.
  • Disfagia mecánica. En este caso la dificultad a la hora de tragar viene provocada por algún tipo de obstrucción o dificultad de tránsito a lo largo de ese recorrido del bolo. 

También se puede establecer una distinción en función de donde se localice el problema de deglución.

  • Así, se denomina disfagia orofaríngea, cuando el problema está entre la boca y el inicio del esófago
  • Disfagia esofágica, cuando se localiza entre el esófago y el inicio del estómago. 

No estamos hablando de un problema raro ni menor, porque según los datos que facilita la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN):

  • La prevalencia de la disfagia se sitúa aproximadamente en el 3% de la población general.
  • Son los mayores de 65 años los que más problemas de deglución presentan: entre el 10% y 30% de ellos. 
  • Si ponemos el foco en la población anciana institucionalizada, afecta a un 68%,
  • Y en los hospitales, el 34,2% de los pacientes ingresados por neumonía padecen esta patología.

La doctora María Riestra, miembro del Área de Nutrición de la SEEN, explica que existen muchas patologías que pueden causar disfagia, aunque las más frecuentes son las neurológicas y las oncológicas. 

  • “La mitad de las personas que ha sufrido un ictus sufrirá disfagia.
  • Algunos problemas neurológicos, como la demencia, la enfermedad de Parkinson o las enfermedades neurodegenerativas pueden desencadenar también problemas de disfagia.
  • Los tumores de la región de la cabeza o el cuello suelen provocarla en algún momento
  • También los tumores del esófago, no solo por el propio tumor sino también por algunos tratamientos como la radioterapia”. 

Aunque la edad es otro factor que contribuye a padecer esta enfermedad. La razón está en que con el paso de los años, la producción de saliva disminuye, desaparecen piezas dentales y la masa muscular se reduce. Todo ello favorece que las personas de más edad desarrollen problemas para tragar.


La prevalencia de la disfagia se sitúa aproximadamente en el 3% de la población general. Photographer: Dragos Condrea


En ocasiones, los problemas para tragar pueden ser confundidos con otros problemas o patologías.

Por ello, tal y como explica la doctora, es importante conocer algunas de las señales más habituales que los pacientes con disfagia presentan: 

  • Dificultad para pasar los alimentos por la garganta. 
  • Sensación de ahogo o tos al tragar.
  • Sensación de que la comida o la bebida “pasan por otro lado”. 
  • “Si el problema está en el esófago, normalmente aparece regurgitación o dolor retroesternal después de tragar”. 

Una de las consecuencias más peligrosas de no identificar a tiempo la disfagia es que “en el caso de que la deglución no sea segura porque el paciente tose al comer, se atraganta o deja comida mucho tiempo en la boca, existe un riesgo importante de broncoaspiración, es decir, que el alimento o bebida pase al tracto respiratorio en lugar de al tubo digestivo, lo que puede ocasionar infecciones respiratorias e ingresos hospitalarios”, advierte la endocrinóloga. 

Además, la preocupación de los pacientes y sus cuidadores ante un posible atragantamiento puede generar rechazo a la alimentación, conllevando pérdida de peso, debilidad, así como desnutrición y deshidratación. 

  • “Esta situación provoca una peor calidad de vida del paciente y un aumento de su morbimortalidad con el consecuente incremento del gasto sanitario”, afirma esta especialista.

Por eso, los especialistas en nutrición disponen de unos cuestionarios validados y sencillos para detectar la disfagia, como el “EAT-10”, compuesto por 10 preguntas fáciles que ayuda a su despistaje. 


Este test le puede ayudar a saber si tiene problemas para tragar


Tras este cribado se realizan otras exploraciones, según criterio médico, como estudios de radiología o diferentes pruebas funcionales, que facilitarán determinar la causa y la severidad de la disfagia. 

Cuando los problemas de deglución están identificados, es importante seguir una serie de recomendaciones nutricionales con el fin de mantener al paciente en un buen estado de salud. 

Pero no hay recetas genéricas. Cada paciente va a necesitar unas pautas nutricionales distintas en función del diagnóstico y la caracterización del mecanismo causante de la disfagia del paciente. 

  • “Si la persona con disfagia mantiene la capacidad para deglutir y se puede utilizar la vía oral, trataremos de realizar una adaptación de la textura de los alimentos. Cuando aumentamos la viscosidad de un alimento o bebida, la persona tiene más tiempo para prepararse para la deglución y así se facilita el control del alimento o bebida en la boca”

Como explica la endocrinóloga, en función del grado de la disfagia se puede ingerir una textura de fácil masticación o totalmente triturada.

  • Algunos alimentos deben evitarse para que la deglución sea segura, por ejemplo, aquellos de textura mixta como la leche con galletas o los que desprenden mucho líquido, como algunas frutas. 
  • En el caso de que la disfagia sea muy grave, la vía oral no es posible, por lo que hay que emplear sondas de alimentación para suministrar nutrientes directamente en el tubo digestivo, de forma transitoria mediante sondas de la nariz a tubo digestivo o, en ocasiones, permanente, a través de un estoma u orificio que conecta directamente el tubo de alimentación al estómago o intestino delgado.
  • Además, los cuidadores deben supervisar la actitud de la persona durante las comidas. Esto significa estar muy pendientes, por ejemplo, de si tose después de tragar, lanzar órdenes cortas, sencillas y concretas, utilizar la cuchara o el tenedor y eludir dar de comer con jeringa. 
  • Por último, “el paciente también debe estar en una postura adecuada, no hablar hasta completar la deglución y evitar tumbarse hasta al menos 30 minutos después de comer, para que no se produzcan regurgitaciones”, recomienda la doctora Riestra. 

Aumentar la viscosidad de un alimento permite una mejor deglución.


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En relación a las posibilidades de curación, la endocrinóloga especifica que “la disfagia, en ocasiones, se produce como consecuencia de una enfermedad crónica que no va a desaparecer, pero será posible, en muchas ocasiones, realizar rehabilitación y mejorar la capacidad del paciente para tragar. En los equipos multidisciplinares existen logopedas que se encargan de esta función. La disfagia a veces se produce tras el tratamiento de un tumor curable en esa zona, y ésta se soluciona una vez resuelto el problema inicial”. 

Pero en lo que sí insiste la especialista en endocrinología es que existe “un largo camino para sensibilizar a todos los profesionales, los pacientes y los cuidadores en esta materia”, por lo que remarca la importancia de crear Unidades Multidisciplinares en los centros sanitarios, así como formar a los profesionales de la salud en su detección y manejo temprano.