A lo largo de toda nuestra vida, pasamos aproximadamente unos 26 años durmiendo, por lo que no es de extrañar que el descanso sea uno de los pilares fundamentales de nuestra salud.

Sin embargo, en ocasiones el descanso puede pasar desapercibido, o no recibir la atención necesaria hasta que supone un problema.

Y es que, tanto los hábitos de sueño como el contenido de los mismos pueden dar pistas sobre nuestro estado de salud, e incluso ayudar a diagnosticar enfermedades mentales y neurodegenerativas.

Hay algunos sueños determinados, que, junto al resto de síntomas, pueden indicar problemas neurológicos” afirma el doctor Gerard Mayà, neurólogo y miembro del grupo de trabajo de Trastornos del Movimiento y de la conducta durante el sueño e Hipersomnias de la Sociedad Española de Sueño (SES).


Algunos sueños pueden ayudar a diagnosticar enfermedades neurodegenerativas


Los sueños nunca se pueden considerar de forma aislada. Es decir, no son la base del diagnóstico. No obstante, pueden sugerir que hay un trastorno” explica el doctor Mayà, y pone algunos ejemplos:

Aquellas personas que tienen de forma habitual sueños violentos, en los que se defienden y realizan movimientos bruscos, puede ser un indicador del Trastorno de la conducta del sueño REM.

La persona que lo sufre sueña con peleas, discusiones, persecuciones y se defiende de personas o animales. Además, no duerme quieto, sino que representa estos sueños.

Es decir, tal y como explica el doctor Mayà:

  • La persona grita, da puñetazos, patadas, se mueve…Esto se debe a que el cerebro no es capaz de paralizar el cuerpo mientras sueña durante la fase REM, como lo haría normalmente”.

El Trastorno de la conducta del sueño REM puede ser un síntoma precoz de Parkinson


Este trastorno del sueño, cuando aparece a partir de los 50 años de forma aislada, sin ningún otro síntoma ni debido a medicaciones como antidepresivos, se relaciona con el párkinson.

  • “Hasta en el 90% de los casos se desarrolla Parkinson tras 15 años de seguimiento, por lo que puede ser el primer síntoma, apareciendo muchos años antes del temblor o problemas cognitivos”.

“Por ejemplo, perderse y no encontrar la salida, no acabar nunca un trabajo urgente, correr y no llegar a la meta… Es un tipo de contenido que se puede asociar a las apneas obstructivas del sueño”.

Las apneas obstructivas del sueño implica el cese completo del flujo respiratorio durante al menos 10 segundos.

Este tipo de contenido suele ser habitual en las personas con sonambulismo. “La persona en este caso no se defiende, sino que intenta huir del peligro. El escenario puede ser la propia habitación, por ejemplo, soñar que las paredes de su cuarto se estrechan”.

El doctor Mayà insiste en que “solo con el contenido del sueño nunca puedes estar seguro de que se trate de una enfermedad. Estas asociaciones hay que tenerlas en cuenta dentro del conjunto de síntomas. No hay un sueño en concreto que sea totalmente específico de un trastorno”.

El doctor Carmelo Pelegrin, vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), subraya que, en algunos casos, dentro del ámbito de la psiquiatría, el contenido de los sueños puede llegar a ser bastante relevante:

  • El contenido de los sueños es fundamental para el diagnóstico del Trastorno por estrés postraumático (TEPT), donde los pacientes presentan sueños angustiosos recurrentes relacionados con el suceso traumático”.

El contenido de los sueños nunca puede ser la base de un diagnóstico


En otras patologías lo que soñamos no es tan relevante para el diagnóstico, ya que suelen ser más generales. Por ejemplo, en los casos de pacientes depresivos o con psicosis:

  • “Estos suelen tener pesadillas, con un tono general de desesperanza, culpabilidad, con contenido dramático como mutilar, ser perseguidos o peligros diversos” explica el doctor Pelegrin.

De todas formas, si bien tener pesadillas no implica tener un trastorno mental, el doctor Pelegrin afirma que sí pueden revelar otros problemas psicológicos y nunca está de más tratarlos con un experto.

“Por ejemplo, una persona relativamente sana puede soñar que es objeto de acoso por sus compañeros. Una exploración psicológica cuidadosa puede reflejar que se sentía con baja autoestima, débil e indefensa”.


Los sueños son una experiencia muy subjetiva y su ‘utilidad’ no ha sido demostrada Freepik


Si bien el contenido de los sueños sigue siendo una experiencia muy subjetiva, y su ‘utilidad’ no se ha podido demostrar de forma precisa, está bastante aceptada la hipótesis de que soñar puede ayudarnos a digerir emociones fuertes.

  • “Cuando soñamos podemos revivir episodios dolorosos, sin embargo, los neurotransmisores asociados al estrés están mucho menos activos” explica el doctor Mayà.

Es decir, los eventos difíciles se repiten sin las manifestaciones físicas de emociones fuertes, quitándole carga emocional al recuerdo traumático.

Los expertos coinciden en que hay que tener una visión global. Tener pesadillas es algo común y siempre que no influyan en nuestro día a día no debemos preocuparnos.

“Son los otros síntomas, como la somnolencia, o el despertarse repetidamente durante la noche lo que debería preocuparnos” insiste el doctor Mayà.

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En resumen, el doctor aconseja acudir cuando notamos los siguientes síntomas:

  • Tener demasiado sueño, somnolencia excesiva a pesar de dormir lo suficiente, afectando en el día a día
  • No poder dormir lo suficiente, es decir, insomnio, ya sea por tardar en dormirse, despertarse de forma repetida durante la noche o presentar un despertar demasiado precoz y no poder dormir de nuevo, afectando la calidad de vida.
  • Trastornos del sueño relacionados con la respiración. Notar que se queda sin respirar durante el sueño y el día siguiente levantarse cansado o con somnolencia. 
  • Presentar movimientos o conductas inusuales durante el sueño. Aparición de movimientos excesivos, actuación de los sueños o sonambulismo con conductas peligrosas. También pueden ser movimientos que preceden el sueño como el síndrome de piernas inquietas en el que por la tarde o noche y con el reposo aparece una sensación desagradable en las piernas que mejora al moverlas. Se asocia a movimientos involuntarios periódicos de las piernas, tanto despierto como dormido.