El progresivo envejecimiento de la población actual predice que el número de personas mayores de 65 años aumente en las próximas décadas. Siendo la edad el principal factor de riesgo para desarrollar una demencia, es evidente que la prevalencia de estas patologías aumentará con el paso de los años. En los últimos años, se ha intentado llegar a un diagnóstico más precoz y se conseguido diferenciar entre deterioro cognitivo y las demencias ya establecidas.

Generalmente, ante las quejas de deterioro cognitivo o sospecha de demencia, las personas afectadas o sus familiares acuden a las consultas de Neurología en busca de respuestas y soluciones. En muchas ocasiones, las pruebas realizadas no resultan concluyentes y se necesita realizar evaluaciones complementarias que aporten más información. En esos casos, se hace necesario realizar una exploración neuropsicológica, por lo que el trabajo conjunto del neurólogo y el neuropsicólogo se hace imprescindible.

La exploración neuropsicológica resulta útil pues permite realizar una “radiografía” o foto fija del funcionamiento de las principales funciones mentales en un momento determinado. Además, permite monitorizar la evolución con el paso del tiempo (si ha habido empeoramiento o no) realizando una evaluación neuropsicóloga anual en caso de que las quejas subjetivas se mantengan o acrecienten.


La exploración neuropsicológica resulta útil pues permite realizar una “radiografía” o foto fija del funcionamiento de las principales funciones mentales.


La exploración neuropsicológica, también llamada evaluación neuropsicológica, tiene como objetivo proporcionar información cuantitativa y cualitativa sobre el funcionamiento de los procesos cognitivos de la persona que consulta.

Los procesos cognitivos hacen referencia a la orientación, la atención, la memoria inmediata y diferida (verbal y visual), el lenguaje en todas sus formas, la capacidad para realizar gestos motores (praxias) y constructivos, el reconocimiento de objetos y formas (gnosias), el razonamiento abstracto, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, cálculo aritmético, toma de decisiones, flexibilidad cognitiva).

Todo ello se evalúa mediante baterías neuropsicológicas, es decir, a través de tests neuropsicológicos que cuentan con baremos ajustados a la edad y al nivel educativo de la persona examinada.

Además, también se evalúa la presencia de sintomatología afectiva o emocional, ya que en algunas ocasiones los síntomas de las distintas demencias y del deterioro cognitivo comienzan con apatía, aumento de la irritabilidad, ansiedad, etc. En caso de no observarse dificultades relevantes en los procesos cognitivos, la presencia de sintomatología psiquiátrica (como la depresiva) puede explicar algunas de las quejas habituales (dificultades atencionales y de concentración) que las personas que consultan explican. También se valora si las actividades básicas, instrumentales o complejas de la vida diaria se encuentran alteradas, ya que en muchas ocasiones es lo que diferencia el deterioro cognitivo de una demencia ya establecida.


En esa misma sesión de evaluación, se realiza una entrevista a la persona que consulta y a su cuidador principal, que le ha de acompañar.


En esa misma sesión de evaluación, se realiza una entrevista a la persona que consulta y a su cuidador principal, que le ha de acompañar. El objetivo de la entrevista es evaluar el grado de conciencia de déficit que tiene la persona examinada, cómo interacciona en consulta, el grado de colaboración, la capacidad para mantener una conversación, etc. A la persona que acompaña y que generalmente suele ser un cuidador principal, se le pregunta sobre el inicio de los síntomas, cómo se dieron cuenta, qué es lo que han detectado, cómo lo están viviendo los familiares…La información aportada por la familia se hace fundamental, sobre todo cuando las personas evaluadas no tienen demasiada conciencia de las alteraciones presentadas.

Por último, y con toda la información recabada, tanto de las entrevistas como de las baterías neuropsicológicas, se realiza un informe neuropsicológico que es entregado en esa misma consulta. En él se detallan los resultados de la evaluación y las principales conclusiones, además de sugerirse algunas indicaciones y recomendaciones.

La duración de la evaluación es variable y depende del grado de colaboración, de si hay fatiga y se hace necesario parar, etc, pero todas se finalizan en la misma tarde que se acude a la cita programada.

En conclusión, la evaluación neuropsicológica resulta imprescindible para valorar la evolución de los procesos cognitivos con el paso del tiempo y para detectar los posibles déficits relacionados con el deterioro cognitivo o con algún tipo de demencia. El trabajo coordinado con Neurología resulta fundamental pues se aporta una información adicional a la obtenida con las pruebas médicas.


La evaluación neuropsicológica resulta imprescindible para valorar la evolución de los procesos cognitivos con el paso del tiempo.


Lorena Cerezo Guaita. Psicóloga Clínica y Neuropsicóloga HLA Vistahermosa (CV.14337)

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