La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta al 2% de la población mundial, con alrededor de 125 millones de personas en el mundo y cerca de un millón en España.

Se trata de una enfermedad de la piel que se caracteriza por la aparición de placas rojas y escamosas acompañadas de picor y afectación de la calidad de vida de los pacientes que la presentan.

Actualmente, sabemos que es una enfermedad sistémica, en la que la inflamación no queda limitada a la superficie cutánea afectada por las lesiones, de hecho entre el 20-30 % de pacientes asocia artritis psoriásica. Además, la inflamación conlleva un riesgo cardiovascular elevado, relacionado con la obesidad, las alteraciones en el colesterol, la hipertensión, la diabetes tipo 2, las alteraciones en la función renal, los problemas cardiovasculares o el hígado graso no alcohólico, que son más frecuentes en los pacientes con psoriasis.

Por otro lado es sabido que el paciente con psoriasis tiene una mayor prevalencia de ansiedad y depresión, así como afectación de su bienestar psicológico asociada a la visibilidad de las lesiones lo que puede tener implicaciones en sus relaciones personales, en el trabajo, al exponerse en un gimnasio o en una piscina…

El conocimiento de las comorbilidades de la psoriasis ha supuesto un cambio en la visión del paciente precisando la acción conjunta del médico de atención primaria, la enfermera, el hepatólogo, el dermatólogo, el reumatólogo, los profesionales de salud mental y en ocasiones el endocrino y el nefrólogo.

A medida que la gravedad de la enfermedad es mayor, se utiliza fototerapia.


Todo esto se ha comprobado que es especialmente importante en los pacientes con psoriasis cuya superficie corporal es superior al 10%, siendo los principales candidatos a tratamientos sistémicos para la psoriasis y el control estricto de factores de riesgo cardiovascular.

Por ello, el control de todas estas alteraciones es especialmente importante siendo fundamental realizarlo periódicamente, con analíticas y exploraciones que permitan tratar lo antes posible los factores de riesgo cardiovascular y desde luego abandonar hábitos tóxicos como el tabaquismo y la ingesta excesiva de alcohol, y la implementación de hábitos de vida saludable como el ejercicio. De hecho una dieta mediterránea junto con el tratamiento para la enfermedad serán medidas importantes para reducir el riesgo cardiovascular.

Diversos estudios indican que aquellos pacientes que están recibiendo tratamiento sistémico adecuado tienen una menor inflamación general, lo que podría conducir a mejorar comorbilidades de la psoriasis, como las mencionadas anteriormente.

Dra. Isabel Belinchón Romero.


Los avances en los tratamientos de los últimos años permiten controlar la enfermedad en un alto grado, si bien a día de hoy no se ha logrado la deseada curación. La psoriasis se puede tratar con medicamentos tópicos cuando es abordable por la extensión o por la gravedad o por la afectación de la calidad de vida. En HLA Vistahermosa contamos con algunos tratamientos tópicos que son bastante adecuados, con una cosmeticidad muy conseguida.

Sin embargo, a medida que la gravedad de la enfermedad es mayor, se utiliza fototerapia o tratamientos sistémicos con fármacos como el metotrexato o los más nuevos como los biológicos. Los fármacos biológicos con los que contamos en la actualidad son anti-TNF, anti-IL-12/23, anti-IL-17 y, últimamente, los anti-IL-23. Estos fármacos de última generación ofrecen resultados que pueden llegar a mejoras del 90% de la psoriasis, y se prescriben sobre todo para los pacientes que tienen mayor gravedad.

Es importante señalar que el dermatólogo y el paciente deben trabajar de la mano para lograr mejorar la piel pero también la salud global, lo que implicará una mejora en la calidad de vida y sobre todo en la esperanza de vida de los pacientes con psoriasis.

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