Cada vez que llega el verano todos los especialistas insisten, y con razón, en la necesidad de proteger tanto la piel como los ojos, de los efectos nocivos del sol.

Pero durante esta estación son muchos los que dedican parte de su tiempo a practicar deportes acuáticos o simplemente darse unos chapuzones, sin caer en la cuenta de que el agua también puede dañar los ojos

Como explica la doctora Mercè Guarro, responsable del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitari Sagrat Cor.

  • “Actividades acuáticas, como la natación, el submarinismo, el surf, etc., hacen que los ojos estén en contacto con el agua del mar y de las piscinas, lo que es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar patologías oculares en verano”.

Proteger los ojos en el agua es fundamental para evitar disgustos Foto de Sebastian Pena Lambarri en Unsplash


Cuando vamos a la playa o la piscina solemos hacer uso de cremas para la piel, sombreros, gorras y gafas de sol para protegernos de la exposición solar.

¿Por qué protegemos los ojos fuera del agua, y no dentro? 

Como explica la especialista en oftalmología la exposición reiterada de los ojos al cloro, la sal y otros elementos que contiene el agua del mar o de las piscinas pueden causar distintas patologías:

Irritación en los ojos. Si somos usuarios de piscinas, debemos tener en cuenta que el cloro y otros productos químicos que contiene el agua “pueden afectar directamente a la película lagrimal que protege e hidrata el ojo, debilitándola y causando irritación, lagrimeo y sensación de cuerpo extraño, que se conoce como ojo rojo”.

Conjuntivitis infecciosa. Tanto en piscinas como en el mar, no debemos olvidar que en agua conviven distintos gérmenes y bacterias que pueden ser causa de infección ocular, bacteriana o vírica.

Queratitis. Se trata de una inflamación de la córnea causada por algunas bacterias como la Pseudomona o la Acanthamoeba, presentes en el agua del mar.


Los ojos requieren cuidados especiales en verano Foto de Outward Bound Costa Rica en Unsplash


  • Visión borrosa. En algunas ocasiones, un contacto muy frecuente con el agua de la piscina puede derivar en problemas crónicos como la visión borrosa.
  • Picaduras. Una medusa o cualquier otra especia marina puede picar en los ojos, dañando la córnea o la conjuntiva y provocando una quemadura.
  • Traumatismos. Los golpes en los ojos también son habituales sobre todo entre aquellos que practican algún deporte acuático, aunque también se pueden producir por el contacto físico en el agua.
  • Hiposfagma o derrame ocular La práctica del submarinismo puede provocar el cúmulo de sangre en la conjuntiva, lo que se denomina popularmente como derrame ocular, a causa de los cambios de presión. Afortunadamente, las consecuencias de este efecto suelen ser leves.

Proteger los ojos en el agua es importante para evitar infecciones


Visto lo vito y teniendo en cuenta que los ojos son una parte muy delicada del cuerpo y que requieren de una buena higiene y cuidados, la doctora Mercè Guarro insiste en la importancia de tomar algunas precauciones durante la exposición acuática:

  • Evitar abrir los ojos bajo el agua tanto en el mar como en la piscina. Es obvio, pero hay mucha gente que lo hace, sobre todo los niños.  
  • Hacer uso de gafas de buceo. Si nos gusta explorar los fondos marinos o simplemente bucear, es importante hacerse con unas buenas gafas de buceo. Pero no vale cualquiera. La experta indica que deben ser “homologadas y reunir las siguientes condiciones:

1- Que se adapten al contorno del ojo evitando la entrada de agua

2- Que tengan filtros de protección ultravioleta (UV)

3- Sistema antifog para evitar el vaho

4- Sello CE

5- Referencia ISO”.


Hay que ducharse después del baño para eliminar los restos de cloro o sal de los ojos. Andrew Lipovsky. Adobe Stock.


  • Si se usan lentes de contacto de forma habitual, lo mejor es no bañarse o practicar deportes acuáticos con ellas, ya que aumenta notablemente el riesgo de infección.
  • Ducharse antes de meterse en el agua del mar o la piscina para eliminar posibles restos de protectores solares y otros productos que puedan causar reacción con el cloro.
  • Y después del baño, también hay que ducharse con el fin de eliminar los restos de cloro y sal. A la hora de secarnos, también es importante no hacerlo en los ojos frotándolos excesivamente.