El Consejo de Ministros ha aprobado este martes el fin del uso obligatorio de la mascarilla en el transporte público, las ópticas, centros auditivos y ortopédicos. La modificación de esta medida ha entrado en vigor este miércoles.

Así, los cubrebocas solo son obligatorios en los centros y servicios sanitarios, tales como hospitales, centros de salud, clínicas dentales u otros centros de atención especializada.

También en las farmacias y en las residencias de mayores. Sin embargo, en estos últimos lugares solo para los trabajadores cuando estén en contacto directo con los residentes y los visitantes mientras estén en las zonas comunes.

No obstante, desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) animan a la población española a “no descartar por completo en determinadas circunstancias”, puesto que ha de pasar a ser una “herramienta de salud pública y educación sanitaria”.

Las mascarillas son altamente “recomendables” para las personas que presentan síntomas respiratorios compatibles con la COVID-19, la gripe, el catarro y otras infecciones respiratorias. 


El Gobierno aprueba hoy el fin de la mascarilla obligatoria en transportes


Los especialistas hacen hincapié en que “se trata de una cuestión de responsabilidad individual y respecto hacia la salud de los demás”, ya que reducen el riesgo de que una persona enferma contagie a quienes tiene a su alrededor.

También son aconsejables para las personas vulnerables con mayor riesgo de desarrollar enfermedad grave, como:

  • Mujeres embarazadas.
  • Personas con enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermos de cáncer.
  • Inmunodeprimidos.
  • Personas de edad avanzada.

Los cubrebocas son convenientes para personas de riesgo, como aquellas que presentan síntomas en espacios cerrados, especialmente con mucha afluencia o con mala ventilación, así como en el transporte público, eventos deportivos, cines, restaurantes o centros comerciales, “además de en centros sanitarios y farmacias, donde su uso continúa siendo obligatorio”.

La sociedad científica recuerda que medidas como mantener la ventilación de espacios cerrados y el lavado de manos continúan siendo eficaces para protegernos, ya sea de la COVID-19 o de otros virus respiratorios.

Son muchos los estudios que han demostrado el papel predominante que tienen los aerosoles en la transmisión de la COVID-19.

Como explica la guía del Instituto de Evaluación Ambiental e Investigaciones del Agua (IDAEA-CSIC), todos expulsamos aerosoles cuando hablamos, tosemos o respiramos. Son “pequeñas partículas de saliva o secreciones respiratorias que permanecen en el aire durante minutos o incluso horas”. Si entre las personas que están en ese entorno cerrado hay una o dos infectadas por coronavirus, el problema es claro.

Sus aerosoles “se distribuyen por todo el espacio con el riesgo de infectar a otros que los inhalen”. Así que, la renovación del aire se convierte en el punto esencial para reducir el riesgo de contagio.

En este punto existen muchos factores que influyen en cada cuanto tiempo se debe airear ese espacio cerrado.

  • Si es un espacio en el que todo el mundo va sin mascarillas, por ejemplo, al comer.
  • La cantidad de gente que lo ocupa.
  • La edad de los ocupantes, sobre todo, si hay personas vulnerables.
  • La actividad que se esté realizando dentro. No es lo mismo hablar que comer o cantar en un espacio.
  • El tiempo que permanezca en ese espacio.

Las opciones para mantener el aire que respiramos en interiores lo más limpio posible son varias. La primera y más indicada es la ventilación natural, a ser posible cruzada, “con ventanas y puertas abiertas en lados opuestos”.

Cuando esto no es posible, se pueden añadir elementos como “ventiladores individuales de suministro o extracción, con caudales de aire suficientes”.


Un camarero, en una terraza de Barcelona. Ferran Nadeu


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En el caso de que se dispongan de sistemas de ventilación centralizada forzada, en vez de utilizar la recirculación del aire, es mejor “priorizar el suministro de aire exterior”.

“Si nada de lo anterior es posible o suficiente, el aire interior debe limpiarse con limpiadores de aire portátiles equipados con filtros de alta eficiencia (HEPA) para eliminar los patógenos del aire”, indican desde el Instituto de Evaluación Ambiental e Investigaciones del Agua (IDAEA-CSIC) y la Asociación Mesura.