Aunque prácticamente ya debemos emplearlos durante todo el año, es en verano cuando más consumimos fotoprotectores solares. Es el momento en el que más expuestos estamos al sol, pero bien es cierto que debemos protegernos frente a él ya todos los días del año. ¿Sabes cómo realmente funcionan y cómo elegir el mejor?

   En una entrevista con Infosalus, el doctor Francisco José Ferrando Roca, dermatólogo del Hospital La Salud de Valencia, y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) explica que los fotoprotectores solares son cosméticos que tienen como finalidad la protección de la piel humana frente a los efectos nocivos del sol.

   Para ello dice que se valen de la incorporación de ingredientes cosméticos, los denominados ‘filtros solares’, que tienen la propiedad de reflejar, de absorber o de dispersar los rayos solares, de modo que permiten una exposición solar más prolongada y con menor riesgo.

   «Los productos de protección solar normalmente actúan frente a las radiaciones UVB y UVA. Deben carecer de toxicidad aguda o crónica y no ser susceptibles de causar irritación, ni ninguna otra reacción sensibilizante, además de ser compatibles con el resto de los componentes de la formulación y ser estables frente al calor, la humedad, la luz intensa y el pH de la piel», afirma el experto.

   Es más, sostiene que la industria cosmética dispone actualmente de un amplio rango de filtros solares que están regulados según normativa europea y su clasificación hace referencia a su mecanismo de acción, distinguiéndose así entre filtros físicos, químicos y biológicos:

Se incluyen los pigmentos inorgánicos (óxido de cinc, dióxido de titanio, mica), opacos a la radiación solar, característica que les permite actuar a modo de pantalla, de forma que por una parte reflejan la luz y por otra la absorben, ofreciendo así una extraordinaria protección frente a la radiación solar.

   Las presentaciones más innovadoras de este tipo de filtro persiguen tamaños de partícula cada vez más pequeños. Así se evita el tono blanquecino que dejaban en la piel las formulaciones iniciales, sin menguar por ello la protección requerida. A pesar de la gran eficacia protectora que tienen estos filtros, las formulaciones cosméticas suelen combinarlos con otros para conseguir preparaciones con un factor de protección solar (FPS) más alto, mayor fluidez y características organolépticas que los hagan más agradables al tacto y más fáciles de aplicar.

Se trata mayoritariamente de compuestos orgánicos aromáticos, capaces de absorber radiaciones energéticas con longitudes de onda propias del espectro ultravioleta.

   Actúan impidiendo la transmisión de la radiación hacia los tejidos subyacentes, evitando así los efectos perjudiciales que provoca la radiación solar sobre ellos. Su capacidad protectora está condicionada por la longitud de onda que sea capaz de absorber la molécula (UVB, UVA), razón por la que normalmente se utilizan combinaciones de filtros para aumentar su efectividad y conseguir un espectro de absorción lo más amplio posible. Los filtros más empleados son el PABA (ácido p-amino benzoico). Todos ellos deben presentar una buena estabilidad química y tolerabilidad cutánea.

Son moléculas con propiedades antioxidantes, cuya acción radica en el secuestro de los radicales libres responsables del envejecimiento cutáneo y del cáncer fotoinducido. Los máximos representantes de este tipo de filtro son el ácido ascórbico y el tocoferol.

   Estos ingredientes activos suelen incluirse en las nuevas formulaciones solares, ya que adicionalmente presentan una acción coadyuvante de la actividad fotoprotectora de los filtros físicos y químicos, mejoran el aspecto y la elasticidad de la piel, además de potenciar el subsistema inmunológico cutáneo.

   Asimismo, el experto del Hospital La Salud de Valencia hace referencia al Factor de Protección Solar o FPS, «el cociente entre la dosis eritematógena mínima en una piel protegida por un producto de protección solar y la dosis eritematógena mínima en la misma piel sin proteger».

   Es decir, según explica, el FPS indica el tiempo que se puede permanecer expuesto al sol con la piel protegida en comparación con la piel sin protección, hasta la aparición del eritema: «El valor numérico que aparece en el envase de un protector solar se refiere básicamente al efecto protector frente UVB».

   Por su parte, la dermatóloga Andrea Combalia, advierte también a Infosalus de que es muy importante revisar la cantidad de crema solar que nos aplicamos, alertando de que es importante que ésta sea la adecuada para que la fotoprotección funcione correctamente. «Habitualmente aplicamos menos de la necesaria», confiesa, siendo lo necesario en torno a dos dedos en la piel o una cucharada de café, según apunta.

   Es más, insiste en que la reaplicación de la fotoprotección solar es igual de importante, sobre todo si acudimos a la playa o a la piscina, o a un lugar con una exposición prolongada. Para hacerlo todavía de la forma más correcta posible aconseja su empleo en función de las indicaciones del fabricante, si bien destaca que la OMS recomienda reponer la crema cada dos horas por el sudor o si estás en la playa y mantienes contacto con la arena por ejemplo.

   Ve interesante en este contexto el empleo de ropa textil, el usar tejido con protección solar frente a la radiación UV, así como gafas de sol, y tanto en adultos como en menores. «La protección frente al sol no solo viene de los cosméticos sino también de la ropa y los accesorios con protección que empleemos como las gorras o sombreros por ejemplo», sentencia Combalia, quien este año ha publicado ‘Piel Sana in Corpore sano’ (Grijalbo).